Consagradas a Dios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siguiendo a la Virgen María regalamos siempre, únicamente y en forma indivisa a Cristo, nuestro amor virginal-nupcial en medio del mundo.

 

Para ello nos esforzamos por vivir en permanente cercanía a Dios, en una profunda intimidad con nuestro Señor. Buscamos ser contemplativas en medio del mundo, procurando tener una intensa vida de oración y unión con Jesús.

 

Somos llamadas para “estar tan profundamente arraigadas en Dios y por esto, atraer espontáneamente a los hombres hacia sí y elevar a lo eterno”. (P.Kentenich, "La riqueza de ser puro") Nuestra unión y servicio indiviso a Cristo, pretende llevar a Dios hacia el mundo, hacia lo lejano y hacerlo presente allí.